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La firma de cava catalán Freixenet había decidido repetir su campaña navideña por eso de la crisis, pero en el útimo momento decidieron contratar a Laa-laa, el Teletubbie amarillo. A pesar de ser el principal atractivo y emblema de la marca, la recesión económica ha hecho en esta ocasión que la dirección de la empresa opte por hacer esta atrocidad.
Este año, todos aquellos ávidos de conocer al protagonista del histórico brindis, se iban a llevar una decepción mayúscula.
A pesar de esta campaña tan cutre, Freixenet presenta algunas novedades para este año y ha decidido acompañarla de un documental sobre la vida sexual del ornitorrinco.
La justificación, sin embargo, no alude tanto a la embestida de la crisis sobre la empresa como a una estrategia de moderación y no ostentación ante el complicado momento económico y social, ya que Laa-laa solo ha exigido una pelotita para jugar.
Los creadores de el anuncio no esperan ganar un premio en el próximo certamen.
¿Por qué hace tanto que no sabemos nada de Barrio Sésamo? Si os habéis dado cuenta sólo vemos vetustos videos y grabaciones antiguas.
Quizá algo ocurrió: El barrio estaba lleno de monstruos, monstruos que quizá nunca dejaron de tener su primitivo y sangriento instinto pese a su domesticación. Quizá uno de los primeros que se volvió loco fue El Monstruo de las Galletas. Quizá con un síndrome de abstinencia que le volvió más violento y sanguinario comenzó a atacar a los habitantes del barrio, sitiándolo, asediándolo, haciendo que los pocos habitantes que quedaron vivos, tomasen medidas drásticas.
Quizá una de esas medidas fue contratar a una dura a la par que sugerente mercenaria cazadora para que acabase con la pesadilla de los buenos paisanos. Quizá ella sólo pidió en pago a su épica caza la piel del monstruo como trofeo y su cabeza para mostrar a otras personas lo peligroso que puede ser dejar vivir en un barrio a un monstruo hambriento. Y así se dejó fotografiar para que el mundo entero entienda el mensaje:
“No os confiéis, lugareños: allá fuera todavía existen erizos rosas de púas mortales, pájaros amarilos gigantes sedientos de sangre, vampiros obsesionados con contar sus víctimas… Yo me enfrenté a uno de esos engrendros… y por Crom que casi no salgo con vida”
Aprovecha su accidente para hacerse un bocadillo
Cuando un coche entró a la tienda, su dueño, creyó que algo en la cocina había explotado.
Después averiguó espantado que el frente de su local había sido demolido y que dentro de su negocio había un coche cubierto de escombros. La puerta del vehículo se abrió, y quitándose el polvo salió una mujer que dijo: Voy a llevar uno de salami.
La mujer de sesenta y seis años estrelló el coche a través del cristal de la bocatería pero no recibió ninguna herida.
Cuando salió del auto explicó que el pedal del acelerador se trabó y que no pudo parar. Cuando los ánimos se calmaron un poco compró un salami y otros bocadillos, se subió al coche y se fue.
Según explicó, si no fuera porque la señora iba a unos 20 kilómetros por hora, su padre -que atendía el mostrador en ese momento- estaría hecho carne picada
Un hombre de Gyoming, P.P, fue encontrado por sus padres en la habitación de su casa enganchado a su impresora. No se le había quedado enganchado el papel ni se había quedado sin tinta y había metido el dedo, no. P.P había metido su propio pene dentro de la impresora y se había quedado atrapado.
¿Qué le hizo al pobre infeliz meter su aparato genital en aquel lugar? Un tatuaje. El hombre era un gran fan de los tatuajes y tenía varios por el cuerpo, en los brazos, en las piernas,etc. Pero su gran ilusión, la gran ilusión de su vida, era hacerse un tatuaje en la sin hueso, que no es la lengua.
El problema de este elemento es que viene de una familia puritana y sentía muchísimo pudor de enseñar su pene a un desconocido para que le tatuase, no tenía miedo por el dolor que le pudiese someter con su aguja, sino a que se la viese. El hombre, ni corto ni perezoso, cogió un dibujo de un tribal por internet, lo guardó en su ordenador, lo puso a imprimir... Y en vez de escoger un folio para imprimirlo metió su propio pene dentro de la impresora.
Un científico con mucho tiempo libre sostiene haber resuelto el misterio de la proliferación de pelusa en el ombligo.
El Doctor Caraculo ha descubierto que las pelusas abdominales atrapan las hilachas y las conducen a las profundidades del ombligo. Para llegar a tan relevante conclusión el desgraciado estudió 503 pelusas de su propio ombligo en su tiempo libre.
Su metódo observación científica demostró que pequeñas basurillas se forman en el aire y terminan almacenándose en el meollo del abdomen al final del día.
"El vello abdominal crece en círculos concéntricos alrededor del ombligo" y por más sutil que sea invita a las partículas de mugre a depositarse dentro, a tal punto, que si uno se afeita la barriga la pelusa desaparece, por lo menos hasta que el pelo vuelve a crecer.
A modo de legado filosófico y para justificar su dedicación a un tema tan intrascendente agregó que "la cuestión de la naturaleza de la pelusa del ombligo preocupa a más gente de la que uno podría suponer a primera vista".